01 mayo 2006

El Círculo

" El mundo está compuesto de energías atómicas inteligentes, diversas e infinitas.

Todo ser aspira y respira; sólo el hombre aspira, respira y piensa.
El pensamiento en el hombre es la base de sus aspiraciones y la aspiración forma el futuro del hombre.
Las inteligencias infinitas y diversas que palpitan en la Naturaleza esperan, ansiosamente, las aspiraciones y respiraciones del Rey de la Creación, para servirle y obedecerle.

El mundo de estas inteligencias es el mundo interno.

Pensar alto y aspirar hondo es atraer al cuerpo las más evolucionadas inteligencias.

El hombre en su cuerpo es la miniatura del Cosmos: Todo lo que está arriba es igual a lo que está abajo, y todo lo que contiene el Macrocosmos lo contiene el Microcosmos.
El hombre que aspira y concentra, abre un camino directo a su objeto.

La Iniciación significa ir dentro en busca del Cristo, impulso que es el iniciador en toda sabiduría; todo hombre es su propio iniciador y su propio salvador.

Quien busca en el interior de su Templo vivienda halla al Dios Íntimo que mora en él.

Nuestra actual edad es la más adecuada para esta búsqueda por medio de la concentración, aspiración e inspiración.

Aspirar, concentrar y respirar átomos de luz nos conduce a la iluminación.

El objeto del pensar y del aspirar, en nuestra nueva edad, es libertar nuestros sentidos de la esclavitud de nuestros átomos inferiores para lograr el futuro desenvolvimiento.
Toda sección en el cuerpo tiene una vibración y una ley individual; pero la Ley de las LEYES emana del Absoluto Íntimo.

Aspirar y respirar meditando, es el único camino que nos conduce a la única Ley del Reino Interno.

El objeto de nuestra unión con el Íntimo es darle libertad de acción más allá de nuestro cuerpo objetivo y ser conscientes de sus obras.

La concentración es el puente tendido desde nuestro cuerpo hacia el Íntimo Infinito, cuyo objeto es comunicarnos con EL.

Respirar es vivir, meditar es crear.

Una concentración voluntaria y perfecta une a los elementos de la mente con la conciencia de la Naturaleza.

Cuando el hombre medita y aspira, todo su cuerpo se convierte en filtro: absorbe mucha fuerza hacia adentro y esta fuerza forma alrededor del cuerpo una armadura protectora que impide la penetración de las fuerzas destructivas.

Hay que meditar hasta obtener un pensamiento propio y una fuerza propia y no acudir a otros seres pidiéndoles protección.

El pensamiento propio viene de lo interior y es el que nos guía en el camino de la evolución y la liberación.

La meditación en el Íntimo, rasga la atmósfera que cubre la sabiduría divina, herencia de todo hombre.

Los archivos de la Sabiduría Divina están en manos de los Ángeles de Luz que nos circundan y viven en nuestro cuerpo; para poseer esta sabiduría hay que conquistar a estos ángeles por la contemplación y la aspiración".
Extractos, J. Adoum
Eli

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